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Tag Archives: Alcohol

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Mala copa en la Ciudad

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Mucho alboroto suele causar el consumo de drogas en nuestra sociedad. Sin embargo, existe un doble rasero para valorar y atender los problemas de salud pública derivados de unas, las legales, y otras sustancias, las ilegales. Pareciera ser que, en este campo, preferimos tapar el sol con un dedo.

La Organización Panamericana de la Salud se refiere al alcohol en nuestra región como al “elefante en la habitación”, y en México, la carga de enfermedad que representa al erario la atención de la población que abusa o que depende del alcohol desde temprana edad es cada vez más importante, mientras que nuestra sociedad parece poco dispuesta a reconocer y actuar con medidas concretas una cultura donde los rituales se encuentran estrechamente ligados al consumo de alcohol.

Por ello, México necesita con urgencia de mejores políticas de reducción de daños en materia de consumo de alcohol. No sólo el uso, sino también el abuso y la dependencia continúan siendo significativos en nuestra sociedad, lo que se agrava con un creciente consumo entre menores de edad, muchas veces mezclado con otras sustancias psicoactivas.

En el caso de los menores y de los jóvenes, la dificultad de evitar el consumo se complica por un fácil acceso en fiestas o tardeadas, o bien en espacios públicos y/o privados donde el alcohol llega a menores de edad a través de adultos, casi siempre conocidos suyos. Modificar esto no depende únicamente de cambios legislativos, sino de una campaña enérgica de conciencia social.

Ante el alcohol, el Gobierno de la Ciudad, que tiene atribuciones regulatorias, debe reconocer que se necesita un cambio de paradigma, una nueva política que incluya la participación de todos los actores sociales involucrados, y que establezca responsabilidades claras de éstos y del Estado.

En este sentido, resulta promisoria la apuesta por inhibir la adulteración de alcohol en la ciudad a través de obligar a los centros de consumo a destruir las botellas de licor vacías para evitar la reutilización con fines indebidos.

Sin embargo, la instrumentación de tales medidas no debería correr sólo a cuenta de los particulares, ya que si ésta política no se acompaña por campañas que incluyan a las personas que consumen licor en espacios privados para que hagan su parte, continuará habiendo botellas que reciclar para los mercados ilegales

El reforzamiento de medidas como la del alcoholímetro -ahora convertido en ley-, también es una medida positiva para inhibir el manejo de autos bajo el efecto de la bebida, pero aún hay mucho más por hacer en este campo. Por ejemplo: a quienes ponen en riesgo la vida de terceros por conducir alcoholizados se les podría sancionar en caso de reincidencia, imponiéndoles la obligación de contar con dispositivos de detección alcohólica en sus propios automóviles, de modo tal que se restrinja el encendido del automóvil.  Una medida puesta en marcha ya en otros países.

Igualmente importante sería que el gobierno de la ciudad, o incluso las delegaciones, convoquen a una política en la que los centros nocturnos cuenten con pruebas de alcoholímetro y; en todo caso, con servicios obligatorios de taxi o transporte seguros para los conductores que no superen la prueba de alcoholemia.

En resumen, la capital debe optar por políticas de drogas realistas y efectivas, que incluyan a todos los actores de la sociedad: tanto  a los que participan formalmente de los mercados (distribuidores para consumo in situ o ex situ) como a los usuarios y a sus dinámicas de consumo. De otro modo, podemos seguir simulando que estamos solos en la habitación.

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Políticas de prevención del uso y abuso de drogas legales

Cigarro, droga legalEn estos días que se están revisando la dirección de las políticas en materia de consumo de drogas, y que se presenta como prioritaria la prevención del consumo de alcohol es importante señalar algunas consideraciones que deben contener las políticas en la materia.

Celebramos la priorización de la prevención del consumo de las drogas de entrada a las adicciones, además de causa de las principales adicciones en la población nacional: alcoholismo y tabaquismo,  y origen de algunas de las enfermedades que son causan importante de mortalidad. Por lo que, sin duda, será bienvenida una legislación que ayude a inhibir la venta de éstas drogas a menores de edad.

Sin embargo, es necesario integrar en la política de prevención la perspectiva de reducción de daños, la cual ayude a construir una cultura en la que el abuso de drogas no aparezca como elemento ritual que conforme la identidad de los adolescentes, y que les haga pensar que ser aguantador o conocer la experiencia de emborracharse se vea como fuente de prestigio.

En otras palabras, entre los objetivos de la política de prevención del consumo de alcohol no sólo deberá encontrarse el elevar la edad del primer consumo, sino también la de elevar la edad de la primera borrachera -la cual ya es común entre adolescentes de 12 y 13 años de edad. Así como el de generar modelos de relacionarse que no incluyan al alcohol como lubricante social, remarcando para ello los aspectos divertidos de la fiesta, espacio privilegiado del primer consumo.

A su vez, es indispensable que la política de prevención integre como actor principal a los padres de familia, a través de proveerles de habilidades y conocimientos con los cuales poder dialogar con sus hijos respecto al uso y abuso de drogas, así como para que puedan identificar posibles abusos por parte de sus hijos, lo cual ayude a la realización de intervenciones tempranas.

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Al César lo que es del César

papi le da de fumar“Violencia”, “adicción”, “guerra”, son los términos mediáticos más socorridos para describir nuestra relación con las drogas ilegales, pero lo cierto es que en materia de abuso y dependencia de substancias, México tiene mucho más que hacer frente al alcohol y al tabaco que frente al resto de todas las sustancias ilegales.

Desviar la atención hacia la parte ilegal de la cadena epidemiológica ha resultado en obviar, también, la importancia de la edad de inicio y el acceso ilegal de dichas sustancias legales por parte de los menores de edad.

En efecto. Mientras la sociedad quiere culpar a las drogas ilegales de todos nuestros males, el discurso no parece reparar en que la mayoría de ocasiones que un menor de edad fumó tabaco o bebió alcohol, éstos fueron provistos por un adulto. Algo que, visto desde la óptica de nuestras leyes, constituye un delito claramente tipificado. La ENA 2011 y la Primera Encuesta de usuarios de Drogas Ilegales de CuPIHD coinciden en reconocer que antes del consumo de marihuana se encuentra casi siempre el de alcohol y tabaco.

Pero esta misma confusión política entre drogas legales e ilegales sucede también en el reporte público de una gran cantidad de eventos violentos y accidentes, tanto de tránsito como del ámbito laboral. Recientemente, por ejemplo, el Secretario del Trabajo hizo patente la preocupación de las autoridades por creciente papel que juegan las adicciones en el mundo laboral, especialmente en términos de ausentismo, accidentes y/o incapacidad entre los trabajadores.

Lo que el secretario no mencionó, o no distinguió con claridad es a qué drogas se estaba refiriendo, ya que es el alcohol, en amplio margen, el gran responsable de tales problemas.

Por ello, decir que la marihuana es la puerta de entrada a otras drogas es una forma tramposa de ocultar una falla aún más grave de nuestra política hacia ellas: la tolerancia cultural, y un doble rasero en cuanto a qué atender primero desde la óptica de la salud.

Pero los presupuestos militares y de seguridad, así como los grandes intereses de las industrial del tabaco y el alcohol difícilmente permitirán que nuestra política oficial se vuelva más honesta y efectiva: es más fácil -y políticamente más rentable- culpar al crimen organizado, que a una sociedad empeñada en evadir cualquier autocrítica, y en por supuesto, rehusarse a asumir su propia responsabilidad en el asunto.