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Mariguana DF y Clubes Sociales de Cannabis: Cuaderno 5 de CuPIHD

Marihuana DF presenta un acercamiento al mercado de la cannabis en la Ciudad de México, a las distintas maneras en que los usuarios se suman como consumidores, y a cómo se relacionan con su entorno y con otras sustancias ilegales. Este Cuaderno ofrece además una respuesta viable a distintos problemas planteados por la dimensión del mercado: Los Clubes Sociales de Cannabis: una propuesta contra la informalidad.

Las actuales políticas, sin haber alcanzado su objetivo de reducir el consumo, tampoco han conseguido acercar a los usuarios de sustancias ilegales a las instituciones a las que tienen derecho a recurrir en busca de apoyo.

Este ensayo pone en entredicho a las políticas tradicionales y la efectividad de la Ley contra el Narcomenudeo, cuya aplicación termina por criminalizar a los usuarios cuando su espíritu, en teoría, es diferenciarlos del mundo delictivo.

Mariguana DF presenta un ángulo de análisis poco frecuente en los textos tradicionales sobre el tema, dado que incluye la opinión del usuario de la droga ilegal más consumida en la Ciudad; una voz que había sido sistemáticamente excluida de toda investigación sobre el tema.

Índice:

página 3: Presentación

página 5: El mercado de la mariguana en la Ciudad de México

página 22: Los Clubes Sociales de Cannabis: una propuesta contra la informalidad

Autores: Carlos Zamudio Angles y Jorge Hernández Tinajero
Noviembre de 2012

Cuaderno 5 CuPIHD (en PDF, completo)

Extracto:

Los Clubes Sociales de Cannabis: una propuesta contra la informalidad

Como ha sido posible constatar, el mercado de cannabis de la Ciudad de México se puede caracterizar como uno fundamentalmente estable, en el que el consumo de mariguana es el denominador común a la mayoría de los usuarios adultos de drogas ilegales de la ciudad.

Si, como lo muestra el anterior análisis, consideramos que los usuarios de mariguana conforman nueve de diez partes del mercado negro de drogas ilícitas, la regulación del mercado de cannabis se presenta como una oportunidad para establecer relaciones formales, institucionales, con ellos. Fuera de la órbita delictiva y a través de un enfoque de derechos humanos, se podría garantizar un acceso seguro a la mariguana y evitar al máximo la vinculación con los dealers, para que de esta forma se inhiban las relaciones entre usuarios y actores de la delincuencia organizada.

Visto como un mercado, el de la cannabis en la Ciudad de México goza de sistemas de distribución muy eficaces, que hacen prácticamente imposible la eliminación de la oferta por la vía policiaca. Esto hace que su disponibilidad sea muy alta y la variedad de la oferta muy amplia y al alcance de cualquier bolsillo.

A pesar de su extensión y comercio continuo, la ilegalidad de este mercado genera constantes conflictos de sus usuarios con la ley, dada la ambigüedad jurídica de estos últimos, y el bajo umbral establecido en ella para la posesión no criminal, lo que a su vez contribuye a su marginación y a la desconfianza del usuario hacia las instituciones del Estado que pueden ayudarlo en caso de necesidad. La falta de acceso seguro y legal a la planta, así, obliga a quienes deciden usarla a recurrir a circuitos delictivos, en los que también se encuentra disponibilidad para drogas más peligrosas.

Dadas las características anteriormente descritas, este documento propone considerar a los Clubes Sociales de Cannabis (CSC) como modelo de un nuevo sistema regulatorio para esta planta en la Ciudad de México, que contribuya a proporcionar un acceso seguro a ella para los adultos de plenos derechos, que decidan usarla por razones lúdicas o médicas.

La propuesta busca delimitar y limitar al mercado negro, aumentando incentivos para que los usuarios no tengan que recurrir al mismo; así como generar actividad económica e ingreso público evitando el mercado abierto e indiscriminado de la planta y, al mismo tiempo, busca abrir un espacio de vinculación institucional con el usuario fuera del ámbito de la justicia penal.

Consideraciones

Los Clubes Sociales de Cannabis son una propuesta regulatoria para la producción y el uso de la planta en México que, si bien requiere de algunos cambios legislativos, puede ajustarse a las disposiciones del sistema internacional de control de drogas comprendido en los tratados y otros instrumentos internacionales firmados por el país.

Los Clubes suponen un mecanismo vinculatorio entre el derecho a la autonomía de los adultos en cuanto al uso de cannabis, que se encuentra contemplado en nuestras leyes, y la posibilidad de producirlo de manera comunitaria y privada para fines recreativos o con propósitos médicos. La propuesta soluciona, de esta manera, las contradicciones que supone contar con derecho al uso, pero la imposibilidad de ejercer tal derecho sin recurrir en algún momento a alguna actividad considerada como delictiva, como es por ejemplo la adquisición.

El esquema se basa en la construcción de un circuito cerrado de producción-consumo, fiscalizado estrictamente por el Estado, y que se circunscribe al ámbito de lo privado, con lo que la publicidad, el uso público y la admisión quedan reservadas estrictamente a los miembros de la asociación, quienes por definición deben cumplir con requisitos específicos para ser admitidos al circuito. Entre ellos se cuentan la mayoría de edad, el ser invitado por otro socio, conocer los riesgos del uso del cannabis y el compromiso de evitar todo contacto con otras fuentes de abastecimiento.

Ventajas

El sistema de los CSC ofrece ventajas reales e inmediatas para el usuario, ya que le garantiza seguridad jurídica en ejercicio de sus derechos, lo aleja de las redes del comercio ilegal y del mundo del delito, al eliminar la necesidad de acudir a los traficantes ilegales; le garantiza estándares de calidad que no obtiene en el mercado negro y puede acercarse, a través de la propia asociación, a servicios informativos de reducción de riesgos y daños para el cuidado de su salud.

Beneficia también al cultivador y/o productor de la planta, que encuentra en este espacio una actividad más de sustento como actividad agraria y económica. De este modo, el productor tiene contacto directo con el usuario y se elimina entre ellos al intermediario, quien cumple en la actualidad con el papel ilegal del proceso.

Por último, los CSC benefician a las autoridades y todos los miembros de la sociedad que no son usuarios, ya que generan actividad económica fiscalizable, disminuyen la contribución de los usuarios a los mercados y redes ilegales, reducen la disponibilidad de la cannabis exclusivamente a los socios y a su uso en los ámbitos privados. Además, los CSC hacen posible generar mejores mejores vínculos institucionales con sus miembros, de modo tal que sea posible ampliar el espectro de oferta de servicios de salud e informativos para ellos. De este modo, proponemos diseñar y llevar a la práctica un modelo legal de circuito cerrado para la regulación del uso de cannabis en la Ciudad de México, que responda a las necesidades específicas de organización del mercado de la mariguana en México a través de clubes sociales del cannabis.

Un sistema de organización del mercado de cannabis en la ciudad, a través de los CSC, presentaría importantes ventajas en materia de salud, ya que a través de ellos sería posible conocer de mejor manera el número y características de los usuarios de la ciudad, tener control sanitario sobre el producto, ayudar a la investigación científica y garantizar al mismo tiempo los derechos de los usuarios; dar acceso seguro y legal a pacientes que usan cannabis medicinal y desarrollar entre los asociados mejores programas de reducción de riesgos y daños.

Adicionalmente, los CSC ayudan a separar el mercado de la cannabis del de otras drogas de mayor potencial conflictivo o peligrosidad, social y personal, como el crack o la cocaína, y a reducir los riesgos de violencia social y de salud de las comunidades.

Económicamente, los CSC reducen los incentivos para recurrir al mercado negro creando una relación directa entre el usuario y el productor, ya que eliminan la intermediación que realiza por definición el mercado, legal o ilegal. Al eliminar todo comercio abierto de la planta en el mercado, los clubes pueden ajustarse al sistema internacional de control de drogas.

En el mismo sentido, y dado que los CSC carecen de propósito de lucro, no hay posibilidades de publicidad abierta para ellos; generan actividad económica e impuestos, pero no participan en ningún mercado abierto; conforma un circuito cerrado fiscalizado directamente por el Estado, crean alternativas para productores privados e independientes, y toda su operación, desde la producción hasta el consumo son transparentes y fácilmente fiscalizables.

Asimismo, en la medida que los clubes producen la totalidad de la planta y no sólo la flor utilizada como mariguana, los CSC permitirían aprovechar, también, los productos industriales del cáñamo derivados de las fibras, las semillas y todas las partes de la planta que son aprovechables por una actividad industrial prevista en los tratados internacionales de drogas y de libre comercio firmados por México, como son el TLCAN, TLCUE, Chile, etc.

Por último, en términos de seguridad y combate al crimen vinculado a las actividades ilegales del tráfico de drogas, los CSC contribuyen a desplazar al crimen organizado por una vía no violenta, al crear nuevos incentivos para el usuario, la comunidad y la autoridad. El consumo puede ser realizado en el club como parte de una actividad privada, y en caso de no ser en ese lugar, el asociado se compromete a utilizarla exclusivamente en espacios privados y nunca en la vía pública, lo que ayudaría a no distraer recursos policíacos en la persecución de este tipo de faltas cívicas.

Estructura

Los CSC son asociaciones civiles sin fines de lucro, a las que sólo se puede acceder siendo mayor de edad e invitado por otro socio y mediante declaración de voluntad personal para aceptar las condiciones de la membresía.

El socio declara que ha decidido consumir de forma libre y por propia iniciativa, formula una solicitud de participación de cultivo comunitario, abona cuotas que sufragan una parte de la cosecha comunitaria, se da por informado de los riesgos de su decisión y renuncia a participar de cualquier otro CSC.

El socio asume un compromiso para limitarse al uso personal y para no derivar ninguna parte de la cosecha hacia el mercado negro o tercero alguno.

Por su lado, el CSC hace una previsión anual de consumo, con un cuota máxima de 60 gramos al mes (si bien puede haber casos especiales de uso terapéutico) con la que cada socio tiene derecho a recoger, de forma controlada su parte respectiva de la cosecha, para uso exclusivo en espacios privados.

El club supervisa y coordina el cultivo de todas las plantas y su procesamiento, se registra toda la información necesaria para las autoridades, y puede crear a su vez relaciones con productores privados, que generan de nueva cuenta transacciones fiscalizables, e impuestos sobre ellas.

Retos, riesgos y oportunidades

La experiencia internacional en cuanto a la operación de este tipo de asociaciones es relativamente reciente, pero de gran expansión en muchas partes del mundo. En España por ejemplo, país que comenzó con su instrumentación, existen más de 200 asociaciones de esta naturaleza, mientras que los movimientos por el autocultivo en Latinoamérica, y especialmente Brasil, Argentina, Uruguay y Chile, así como las autoridades de estos países, ven en los clubes una excelente oportunidad para crear un nuevo ambiente en el uso de la mariguana, en el que se garantizan los derechos de los usuarios, se tiene control e información sobre ellos y se evitan los circuitos delictivos asociados al comercio ilegal de la planta.

Crear CSC en la Ciudad de México, al igual que en otros estados del país, requiere esencialmente de modificar las disposiciones federales que impiden el cultivo de la planta de la cannabis bajo cualquier modalidad, para legalizar la figura del cultivo personal y comunitario sin fines de lucro y para exclusivo uso privado. De no ser posible esto, podría declararse otorgar prioridad cero, para efectos de persecución del delito, al cultivo con tales fines. Es importante señalar, en este sentido, que las convenciones internacionales que regulan a la planta de la cannabis se limitan a considerar su fiscalización sólo en cuanto a la sumidera florida de la planta hembra, y no impiden el aprovechamiento o el cultivo y uso de otras partes de la misma.

En todo caso, al eliminarse las disposiciones que hacen indistintamente ilegal al cultivo se abre la posibilidad de instrumentar regulaciones locales específicas para la instrumentación de cada club. En este sentido, las posibilidades regulatorias pueden considerar a las autoridades federales, pero también disposiciones y adecuaciones de orden estatal o incluso municipal.

Por supuesto, se vuelve necesario también, instrumentar mecanismos que impidan que los clubes se conviertan en una fachada del comercio ilegal de la planta. Sin embargo, limitando el número de socios a uno que permita el equilibrio y la autosuficiencia, así como garantizando la transparencia operativa de los mismos, tales riesgos pueden reducirse significativamente.

Por último, es preciso considerar que los CSC pueden ser una herramienta de gran ayuda para el control de otras sustancias más peligrosas cuyo uso en aumento se presenta ya en la sociedad mexicana. Los clubes garantizan, regulan y limitan el acceso a la cannabis a los adultos de plenos derechos y limitan de forma clara el acceso de los menores a la sustancia. Contribuyen así, también a las tareas y preocupaciones comunes a toda la sociedad.

 

Cuaderno 5 CuPIHD (en PDF)

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La regulación del cannabis avanza

Catarina

La regulación del cannabis en Estados Unidos es irreversible. Apenas ayer los ciudadanos de 3 estados y del distrito de Columbia votaron regulaciones sobre cannabis y volvieron a demostrar los vientos de cambio que soplan, ahora, en este sentido. Con ellos, son ya 23 los estados con regulación de cannabis para uso médico en los Estados Unidos, y 4 más con uso no médico. Adicionalmente, hay 5 estados más que votarán por leyes regulatorias en 2016. Más de la mitad de estados que conforman el pacto federal.

En esta última avanzada, Oregón y Alaska se convirtieron en el tercer y cuarto estado en legalizar el consumo sin fines médicos, así como toda la cadena productiva de la mariguana, lo que claramente ahonda la incómoda posición de los Estados Unidos ante el sistema internacional de control de drogas que tanto ha promovido.

Además, el que tales estados sean gobernados por los dos grandes partidos nacionales evidencia que la reforma de drogas trasciende a las fuerzas políticas tradicionales e involucra a la sociedad en general. Aun así, el caso de Florida es un ejemplo de que aun hay muchas resistencias qué superar: la propuesta para regular mariguana con fines medicinales no prosperó, aun cuando contó con 58% de los votos, ya que las disposiciones establecían que para hacerse efectiva, tendría que contar con al menos 60% de ellos.

Por otras razones, sin embargo, en este panorama destaca para México el caso de Washington D.C. que aprobó con el 65% de los votos la Iniciativa 71, a través de la cual sus ciudadanos podrán cultivar hasta 6 plantas de cannabis, portar hasta 58 gramos de mariguana y suministrar hasta 25 gramos a otra persona, sin tener consecuencias legales por ello.

La iniciativa votada no contempla el comercio de cannabis, pero la alcaldía estaría considerando un acuerdo que podría regular y tasar, en un segundo momento, un estricto comercio de mariguana para adultos.

Los legisladores mexicanos deberían tomar nota no sólo de la ola reguladora en general y de los distintos modelos que adopta en lo particular, sino también de la existencia de alternativas que regulan mariguana sin que ello implique el comercio con lucro de la misma, algo estrictamente limitado en los tratados.

Dicho de otro modo: es el cultivo, y no el mercado, el elemento sine qua non para cualquier regulación de la cannabis.

Es notable, en este sentido, que todas las iniciativas aprobadas en los Estados Unidos coinciden en la regulación del cultivo, sea a través de la descriminalización del autocultivo –caso Washington D.C.- o de la legalización de la producción –casos Alaska y Oregón-.

En México el cultivo solo puede regularse a nivel federal, por lo que extraña no ver estrategias legislativas que exploren con detenimiento esta vía, que a fin de cuentas puede ajustarse incluso a las normatividades internacionales.

Pero mientras esto sucede, el representante del Poder Ejecutivo en este tema parece tener la misión de nadar a contracorriente: el Dr. Mondragón, nuevo comisionado contra las adicciones del país, declaró tajante en su primera entrevista pública: “No quiero ver un país mariguanero”. Es decir: no quiere ver, ni oler, nuestra propia realidad.

 

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AmeriCannabis: tercera cosecha

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Por tercer año consecutivo,  organizaciones de la sociedad civil, instituciones académicas, colectivos de artistas y especialistas, participan de AmeriCannabis, la III Semana Cultural Cannábica.

AmeriCannabis busca llamar la atención sobre una cultura que no ha sido tomada en cuenta en las políticas hacia el cannabis en nuestro país. Sus actividades incluyen pláticas con especialistas en reducción de riesgos y daños (Dr. Gady Zabicky, Ricardo Sala y Claudia Rodón de CuPIHD), taller de gastronomía, conferencias, presentaciones de libros, la exposición pictórica Aprovechando el viaje, y un concierto de clausura.

En esta ocasión, Americannabis también abre un espacio para mostrar cómo la política punitiva hacia las drogas tiene consecuencias sociales desastrosas. Para tratar este tema se llevará a cabo La Larga noche del prohibicionismo, jornada coordinada por jóvenes del Colectivo ReverdeSer en la que se incluye la voz de periodistas y familiares de víctimas de la violencia en nuestro país.

AmeriCannabis asume también la realidad del contexto internacional en el que se encuentra la cannabis. En coordinación con CuPIHD, y conscientes de su progresiva regulación en cada vez más lugares del mundo, el miércoles 15 se presenta Auge y caída de la prohibición del cannabis, documento del TransNational Institute  de Holanda, y el Observatorio de Drogas de la Universidad de Swansea del Reino Unido, en el marco de la Cátedra UNESCO para las transformaciones económicas y sociales relacionadas con el problema internacional de las drogas. La mesa de debate incluye al Dr. Luis Astorga, a Leopoldo Rivera, dirigente de AMECA, a Tom Blickman, uno de los tres autores del texto vía internet desde Holanda, y al Dr. Alejandro Mohar, miembro mexicano de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes.

Ese mismo día se presenta otro material, este literario, con la revista La Linterna Mágica, que dedica su edición más reciente a la mariguana. Complementan la Semana charlas, presentaciones, conferencias y talleres sobre salud, reducción de riesgos y daños, historia y usos rituales de la cannabis.

AmeriCannabis es un esfuerzo para mostrar que la regulación de la mariguana también está en marcha en México. Encuentra aquí un vínculo al programa de Americannabis, a partir de hoy 13 de octubre y hasta el 27 en el Centro Cultural La Pirámide.

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Auge y caída de la prohibición del cannabis

auge y caida de prohibición cannabis

Bajo el espléndido y sugerente título “Auge y caída de la prohibición del cannabis. La historia del cannabis en el sistema de control de drogas de la ONU y opciones de reforma“, editado bajo el auspicio del Transnational Institute, el Global Drug Policy Observatory y Cáñamo Ediciones; Martin Jelsma, Tom Blickman y Dave Bewley-Taylor presentan un documento, ahora traducido al castellano, con el panorama más ilustrativo y completo, coherente y constructivo, sobre la planta de la cannabis en el mundo actual así como sobre su futuro próximo.

El texto ofrece un fascinante recorrido histórico que comienza a fines del Siglo XIX, pasa por la Sociedad de Naciones, la Convención Única de 1961 y que culmina en el Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas de 1971, periodo crítico para la consolidación una visión profundamente moral y anticientífica sobre una planta de uso milenario, y promovida activamente por algunos países liderados por los EEUU, que tiene como resultado un supuesto sistema de control fuera de toda lógica y en el que se la equipara, en peligrosidad, con sustancias como la heroína o la cocaína.

Las razones de este proceso son múltiples y deben ser entendidas integralmente. El lector encontrará en “Auge y caída” un rigor histórico fascinante -y que fascina claramente a sus propios autores- sobre los debates en el seno de la ONU durante la construcción de los tratados de drogas que nos rigen actualmente, aderezado además con reflexiones, observaciones y documentación que en su conjunto ilustran magníficamente sobre las fuerzas morales, geopolíticas, culturales y económicas que han sucedido -y suceden- tras bambalinas en este supuesto sistema de control.

El texto aborda con claridad, también, el papel de los propios organismos de control de la ONU como la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito y la Comisión de Estupefacientes; así como se preocupa por ofrecer ejemplos y casos concretos de la forma en que estos tratados han sido instrumentados en distintos países y regiones, en el pasado y en la actualidad, todo ello en el contexto de un sistema de control ambiguo y relativamente inflexible, pero en creciente e inocultable tensión.

Por último, “Auge y caida” explica con claridad y sencillez el margen de flexibilidad para el cannabis que ofrece el actual sistema de control, haciendo énfasis en la importancia futura del papel de la Organización Mundial de la Salud en un debate hasta ahora prácticamente monopolizado por las agencias de la ONU que se autonombran como “guardianes de los tratados”.

Aun cuando parezca obvia la recomendación, es necesario decir que “Auge y caída de la prohibición del cannabis” es una lectura imprescindible para ordenar un debate público aún dominado, al menos en nuestra sociedad, por el prejuicio en muchos casos, pero también por lo fantasioso o fragmentario en otros.

Anunciamos, igualmente, que en el mes de octubre CuPIHD, durante la “Semana Americannabis” organizada por la Asociación Mexicana de Estudios sobre el Cannabis y en asociación con la Cátedra Unesco “Transformaciones económicas y sociales relacionadas con el problema internacional de las drogas” dirigida por el Dr. Luis Astorga, haremos una presentación pública de “Auge y caída” en la que esperamos contar con la asistencia de sociedad civil, gobierno y academia, para contribuir y renovar un debate ahora plenamente asumido en México: la inevitabilidad de la regulación del cannabis en el mundo.

Desde luego, agradecemos al Transnational Institute su política de Creative Commons, que permite distribuir y descargar gratuitamente el texto de “Auge y Caída de la Prohibición del Cannabis. La Historia del cannabis en el sistema de control de drogas de la ONU y opciones de reforma.”

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Narcomenudeo en las Américas

drug markets

Pareciera que las perspectivas sobre las políticas de drogas en el mundo están cambiando. Algunos países de las Américas se encuentran ahora ante una realidad antes poco reconocida: el crecimiento de los mercados locales de drogas en toda la región.

Y después de décadas de políticas dirigidas casi exclusivamente a interceptar grandes cantidades de drogas con dirección hacia el norte, las autoridades nacionales se cuestionan ahora, también, cómo enfrentar los mercados propios.

La semana anterior tuvo lugar el 55 período ordinario de sesiones de la Comisión Interamericana Contra el Abuso de Drogas (CICAD) organismo especializado en drogas de la OEA. Varios fueron los temas tratados.

Las delegaciones nacionales analizaron el tráfico en pequeñas cantidades, lo que en México se conoce como narcomenudeo; nuestro mercado interno.

El Viceministro de Salud Pública y Prestación de Servicios de Colombia –país que ocupa la presidencia de la CICAD-, Fernando Ruiz Gómez, señaló que: “La primera conclusión que resulta de las deliberaciones consiste en la necesidad de generación de conocimiento sobre el tráfico de drogas en pequeñas cantidades, lo cual no ha sido estudiado de manera suficiente, como fenómeno particular, complejo y multi-causal, que afecta a todos los países del hemisferio”.

La autoridad colombiana sostuvo que la experiencia ha demostrado la imposibilidad de contener el mercado de pequeñas cantidades mediante el mero combate a la oferta, y resaltó la importancia de actuar hacia la reducción del daño que el microtráfico genera en nuestras sociedades.

Y es que, al igual que en México, los mercados de drogas de América Latina no sólo han crecido y permanecen a pesar de las políticas de control de la oferta, sino que son cada vez más diversos y lucrativos.

A los ya tradicionales mercados de mariguana y cocaínas – y de heroína en ciertos países-, se han sumado los de estimulantes de tipo anfetamínico, drogas psicodélicas y de diseño e incluso de drogas médicas de comercio restringido, además de los disolventes inhalables.

Los debates sostenidos en la CICAD señalaron que los grupos dedicados al tráfico internacional de drogas han fortalecido su influencia en los mercados locales, y que a su vez éstos controlan parte importante de los distribuidores al menudeo en distintas ciudades del hemisferio.

Pero esos mismos debates revelaron que ni autoridades nacionales ni locales han logrado contener el crecimiento de un fenómeno delictivo que se adapta con facilidad a las políticas de control de la oferta, y lo mismo florecen grupos que distribuyen drogas en zonas abiertamente marginadas de las ciudades, que distribuidores móviles que entregan a domicilio o en determinados espacios de consumo.

Las sesiones de la CICAD también incluyeron debates sobre los desafíos y los posibles impactos de la regulación del cannabis en el Continente, con enfoque especial en los casos de Colorado y Uruguay. Es importante tomar nota de tales experiencias, dado que aportan a la discusión elementos importantes para la reflexión sobre prácticas impositivas, generación de empleos y de actividad económica. Incluso se habló de las dificultades que presenta el cultivo doméstico para controlar la calidad que requiere el uso terapéutico.

Finalmente, otro tema importante en la CICAD fue el de las cortes de drogas o tribunales de tratamientos de adicciones, que son presentados como una alternativa para descongestionar cárceles, evitar el delito y disminuir el consumo de drogas en la sociedad, pero cuya instrumentación también ha generado numerosas suspicacias y desconfianza entre la sociedad civil de la región.

La CICAD ha sido tradicionalmente un espacio dominado por políticas muy conservadoras hacia las drogas, especialmente las de los Estados Unidos. Ahora, sin embargo, la omnipresencia de éstas en todo el Continente, obliga a los países a replantear estrategias y prioridades.

En relación al narcomenudeo, por lo pronto, las conclusiones parecieron claras:

Contener los mercados locales y la disponibilidad de drogas no ha sido posible, ni es realista.

Es necesario, entonces, crear o redirigir políticas para contener los impactos más negativos de los mercados locales: la violencia, y el abuso en el consumo. No se trata ya de combatir la existencia del mercado mismo, sino de enfocar esfuerzos en sus efectos más negativos, tanto en las personas como en sus comunidades.

Una idea mucho más razonable, pero a la que aún le falta comprensión y decisión política.

 

 

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Marcha Mundial de la Mariguana México 2014

marcha

El próximo sábado 3 de mayo se realizará, por décimo cuarta vez, la Marcha Mundial de la Liberación de la Mariguana en la Ciudad de México.

Lo que hace más de una década comenzó con una reunión pública de 25 personas, es hoy un acto al que acuden un mínimo de 3,000 o 4,000 personas.

La celebración forma parte de una demostración pública, ciudadana y mundial, para llamar la atención de la ciudadanía sobre las evidentes contradicciones que suponen las leyes internacionales y nacionales sobre la planta de la cannabis y sus usuarios; disposiciones que, si bien distintas en muchos países, comparten elementos discriminatorios, prejuiciosos y estigmatizantes para millones de personas en el mundo.

El movimiento cannábico mexicano, que se ha diversificado y ahora tiene distintas expresiones y corrientes, se ha desarrollado sustancialmente en la última década y ha pasado de ser uno marginal y anecdótico, asociado únicamente a sectores de nuestra sociedad civil tradicionalmente marginados e ignorados, para ampliarse a todas las capas sociales y convertirse en un agente de cambio que no sólo se hace visible y exige sus derechos, sino que también se preocupa por proponer alternativas para toda la sociedad.

Ante los cambios que ahora suceden en Estados Unidos, en Uruguay y en otras partes del mundo, y que en México hemos de enfrentar con independencia de posiciones personales, el movimiento mexicano que propone la regulación de la cannabis adquiere mayor importancia y sus voces demuestran que la razón y el uso de una desobediencia civil constructiva y propositiva ha sido un excelente camino para transformar las injusticias de nuestra sociedad contra los usuarios de la planta.

Las principales propuestas que hace este movimiento son sencillas: impedir la confusión de los usuarios con enfermos o delincuentes; regular el cultivo personal y asociado de cannabis sin fines de lucro para no estar obligados a recurrir al mercado negro, y el respeto para los derechos humanos de todos. Principios democráticos y razonables para cualquier sociedad mínimamente respetuosa de la diversidad cultural y ciudadana.

Este sábado el movimiento espera demostrar, de nueva cuenta, que la única forma de incluir a todos en nuestra vida social es reconocer y respetar nuestras diferencias y estilos de vida. El movimiento ha sido ejemplo de esta civilidad. Ahora lo que espera es, cuando menos, reciprocidad de la sociedad mexicana.

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Marihuana en Colorado: el futuro ya está aquí.

La semana pasada CuPIHD asistió, junto a otras organizaciones latinoamericanas y representantes políticos de la región, a la Reform Drug Policy Conference, en Denver Colorado.

Como es posible imaginar, esta Conferencia estuvo fuertemente influida por los cambios legislativos sobre la marihuana en ese estado de los Estados Unidos, uno de los dos primeros en aprobar la regulación del cannabis con fines no médicos.

En medio de muchas celebraciones, animadas en parte también por la decisión de la administración Obama de no entorpecer la regulación siempre y cuando se cumplan ciertas condiciones mínimas, la Conferencia también abordó muchos otros temas no resueltos aún en materia de drogas no sólo en Estados Unidos, sino también en el resto del mundo: encarcelación masiva, tratamientos alternativos, reducción de riesgos y daños, violencia, experiencias internacionales, el futuro de la ciencia en drogas, y un largo etcétera.

El tema de la marihuana, sin embargo, dominó la reunión. Justo en esos días, además, una encuesta Gallup reveló que el apoyo para la regulación es ya una tendencia irreversible en ese país, toda vez que alcanza ahora el 58% de aprobación, un nuevo récord.

Muchos de los que asistimos pudimos comprobar cómo el estilo norteamericano de producción masiva y diversificación de productos para el mercado, ha moldeado también la experiencia regulatoria de la marihuana.  Toda clase de productos y mecanismos de consumo son los protagonistas de esta revolución. Comestibles, aceites concentrados y vaporizadores electrónicos con dispositivos recargables, parecen ser la opción del futuro para una industria que quiere ofrecer alternativas al tradicional consumo fumado de la planta.

En esta medida, resulta un tanto decepcionante comprobar cómo la sociedad mexicana insiste en perder el tiempo intentando negar, o al menos posponer, una reforma inevitable en nuestro propio sistema de control de drogas, y muy especialmente en cuanto a la regulación de la marihuana, la sustancia ilegal más consumida también en nuestro país. No se trata ya de si es deseable o indeseable, sino de cuándo y cómo debemos enfrentarla.

Entre los asistentes hubo varios legisladores mexicanos, que si bien desde distintas posiciones, cada uno de ellos pudo comprobar el desarrollo de una actividad económica y cultural que, aun cuando muy a la manera americana, es una realidad cada vez más común en todas partes del mundo. Una realidad que al fin y al cabo ofrece una alternativa a la “guerra contra las drogas”.

Esperamos de ellos, ahora, que tras su experiencia en esta Conferencia, trasciendan el lugar común del debate público de las drogas y sean capaces de proponer una reforma profunda y bien articulada, que proteja la salud pública tanto como los derechos de todos, para enfrentar este mismo tema en nuestro país. En estados Unidos, nuestro socio más influyente, el tema ya pasó del debate a las medidas concretas. ¿Cuánto más tendrá que esperar México para deshacerse de una inmovilidad patológica y altamente contaminada por viejas y gastadas fórmulas ideológicas? Mientras eso no suceda, sólo seguiremos estigmatizando y criminalizando a una población usuaria de drogas que como todo el resto, tiene los mismos derechos. Y tan malo como eso: seguiremos dándolo recursos y el control absoluto de un mercado al mismo crimen organizado que decimos combatir.

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Foro sobre drogas en la Asamblea ¿hacia dónde va la Ciudad de México?

Thousands Of Grave Markers Placed On National Mall To Commemorat

Este lunes comienza el Foro sobre Políticas Públicas en Materia de Drogas para la Ciudad de México que organiza la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF).

El foro, que contará con una nutrida y diversa participación de personalidades nacionales e internacionales, representa un paso en firme para analizar lo que funciona y no funciona, y para encontrar mejores enfoques en materia de drogas legales e ilegales en la Ciudad.

No esperamos que el Foro termine con grandes consensos, ya que todos los que combaten fervientemente cualquier regulación alternativa para las drogas parecen sordos a toda evidencia o argumento que no entre dentro de su espectro de convicciones.

Sin embargo, el Foro permitirá también dar voz pública a experiencias y propuestas que hasta la fecha habían sido subestimadas por nuestra sociedad, con lo que los legisladores que asistan podrán constatar, al menos, ideas novedosas, interpretaciones científicas contrastantes, y propuestas de políticas públicas que han demostrado ser más eficaces y prácticas que las tradicionales posiciones morales o la defensa a ultranza del status quo.

El tema de la marihuana está en boca de todos. No es difícil prever, sin embargo, la estrategia del inmovilismo: difundir que la regulación significa mayor disponibilidad (cuando es justo lo contrario), y resaltar los riesgos potenciales de la cannabis interpretando la ciencia con motivaciones políticas para intentar centrar el debate solamente en una visión parcial de la misma.

Por fortuna, habrá visiones muy autorizadas para contrastar puntos de vista en esta materia y para hacer ver, también, que más allá de los riesgos, lo cierto es que nuestro problema principal con respecto a la marihuana no son los riesgos de su consumo, sino la ausencia absoluta de una regulación para ella, algo que afecta a todos los habitantes de la Ciudad de México.

En materia de éstas últimas sustancias, legales, la Ciudad tiene mucho qué hacer, ya que entran directamente en su esfera de responsabilidad y competencias. Aun cuando se ha avanzado en términos de medidas concretas en los últimos años –la ley para el control del tabaco, el alcoholímetro- aún hay mucho que se puede desarrollar, y es necesario hacerlo.

En términos de la marihuana, por otra parte, el Foro llega en un momento perfecto después del anuncio del Departamento de Justicia de los Estados Unidos de que no impedirá, bajo ciertas reglas, el desarrollo de las regulaciones para los usos médicos y no médicos de la marihuana en los estados de Washington y Colorado, ni en aquellos otros que decidan seguir este camino. Esta noticia, de gran importancia, puede significar el primer paso en la reclasificación internacional de la cannabis y deja sin ninguna autoridad moral, legítima, a los Estados Unidos para impedir que otros países o estados exploren sus propias alternativas en la materia. Por este lado, la Ciudad de México no tiene excusas para evitar o ignorar una tendencia mundial que crece de manera inexorable.

 

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Dándonos las tres en el Centro Fox

Centro Fox

El pasado fin de semana se llevó a cabo el “Primer Simposium EEUU-México sobre Legalización y Uso Médico de Cannabis” en el Centro Fox.

En éste, participaron especialistas de ambos países que, desde sus respectivas disciplinas, aportaron información sobre las posibilidades y riesgos que conllevan las distintas formas de regulación del acceso y uso del cannabis.

Entre los más rescatable figuró Alison Holcomb, autora de la iniciativa 502 en Washington para regular la sustancia en ese estado, quien señaló la necesidad de que la regulación de la producción a partir de licencias debe ir acompañada de la regulación del consumo a partir de establecer cantidades de uso personal adecuadas a la realidad del mercado; y Steph Sherer, directora de American for Safe Access, quien señaló que en Estados Unidos ya hay un millón de pacientes que utilizan el cannabis, una tendencia creciente que viene desde el boom del uso terapeútico en California que se dio durante los años 80, cuando el país enfrentaba la difusión del virus del VIH y los pacientes empezaron a utilizarla para poder consumir alimentos y mejorar su calidad de vida.

Del lado mexicano destacaron Lisa Sánchez, de México Unido contra la Delincuencia, quien señaló las diferentes formas de regulación existentes en el mundo y las posibilidades de México para optar por alguna de estas; y Julio Frenk, secretario de salud durante el período del mismo Fox, quien abundó sobre las posibilidades del uso médico de la mariguana y sobre la necesidad de realizar investigación en la materia, a la vez que enfatizó en que como resultado de la política de drogas actual (y la epidemia de homicidios que ha desatado) por primera vez en 30 años el país tuvo un descenso de casi un año en la esperanza de vida.

También fue de destacar la participación de Dolf Hogewoning, embajador del reino de Holanda, quien además de detallar el modelo holandés y los beneficios que este ha tenido en lograr contener el consumo de drogas duras en niveles menores al promedio europeo, habló sobre el cierre de coffe shops en la frontera sur de Holanda, que se ha debido a que algunos municipios de la región han establecido regulaciones más estrictas debido al turismo de sus vecinos, pero enfatizó que la decisión autónoma de estos municipios no debe ser vista como un retorno a la prohibición, sino como un reforzamiento de la regulación. A su vez, enfatizó en que el incremento de las restricciones aumenta la delincuencia, algo que los holandeses comprobaron con la política de exigir membresías de socios a los clientes de coffe shops, la cual generó el fortalecimiento del mercado negro y razón por la cual se suspendió esta política.

Por nuestra parte, como asistentes al evento, desde CuPIHD señalamos la necesidad de incluir en la discusión a los propios usuarios; de recordar que éstos tienen derechos; de eliminar las ambigüedades en la despenalización de la posesión de drogas que existe en la llamada Ley contra el narcomenudeo; y finalmente, externamos nuestra posición con respecto a la regulación comercial de la planta que propuso el propio expresidente: desde nuestro punto de vista se trata de garantizar los derechos, el acceso a la información y a servicios de salud eficientes, no discriminatorios y acordes con las necesidades de los usuarios,no de organizar un negocio a la manera de la industria refresquera.

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Los diálogos de la OEA

GuatemalaDurante la semana pasada tuvo lugar la XLIII Asamblea de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo lema y tema principal de los diálogos oficiales fue: “Por una política integral frente al problema mundial de las drogas en las Américas”.

Durante la Asamblea, los representantes de los distintos Estados expresaron sus posiciones respecto al tema principal a debate. Como era de esperarse, las diferencias surgieron desde mismo inicio, evidenciando que  que los diferentes países que se vinculan de manera distinta con las drogas y sus problemáticas.

Así, hubo países que defendieron la política actual de drogas señalando los éxitos de su implementación, tales como Venezuela y Nicaragua; y países que presentaron argumentos en dirección de priorizar las políticas de salud para enfocar el consumo como una enfermedad que requiere de brindar atención basada en evidencia… y a la cual hay que agregar también la aplicación de tribunales de drogas, tales como Estados Unidos y Panamá.

Uruguay, por su parte, presentó una defensa a la decisión soberana de regular el mercado del cannabis, lo cual se discute actualmente en la asamblea legislativa de aquel país, mientras que la representante de México señaló que la política nacional es “México en paz” y se basa en dos pilares: la prevención del delito y la prevención del consumo de drogas, en ese orden.

Como resultado de la Asamblea se presentó la Declaración de Antigua “Por una política integral frente al problema mundial de las drogas en las Américas”, la cual incluyó algunos de los elementos vertidos en la discusión, aunque se excluyeron planteamientos como el de actualizar la Estrategia Hemisférica sobre Drogas de la OEA y el de establecer indicadores para evaluar los resultados de las políticas, lo cuales estaban contemplados en el documento previo.

De tal forma, ante la diversidad de posiciones y la falta de acuerdos importantes, los delegados decidieron que se convoque a un período extraordinario de sesiones que se llevará a cabo en la República de Guatemala durante el 2014.

Por último, fuera de las pláticas oficiales hubo sesiones de diálogo entre las organizaciones de la sociedad civil y los jefes de Delegación, el Secretario General y el Secretario General Adjunto, así como con otros actores sociales. Y aun cuando las demandas de la sociedad no se vieron reflejadas como quisiéramos en los acuerdos finales, al menos la mayoría celebró el Informe presentado por el Secretario General y los escenarios probables que de este derivan, toda vez que al menos animaron a los presentes -y a nuestros gobiernos- a explorar alternativas y a no esperar por soluciones globales, para los problemas locales. En resumen: es aquí, y ahora.