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Tag Archives: EPN

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Las posiciones fáciles

exitHace apenas unos días, durante su participación en la reunión de la Alianza del Pacífico, el Presidente de la República reiteró que, al igual que su homologo previo, está abierto al debate de la legalización de algunas drogas, pero no a favor de ella.

En la ocasión, el jefe del Ejecutivo Federal mencionó que “ésta puede ser una posición o una forma fácil, quizá y hasta falsa eventualmente de combatir con mayor eficacia al crimen que esta muy vinculado al narcotráfico y a la venta de drogas”. También afirmó que el crimen organizado había diversificado sus actividades, por lo que la “legalización no evitaría el crecimiento de éstos, pudiendo incluso intensificar otros delitos”.

Pero en honor a la verdad la “forma fácil”, al menos para escurrir el bulto, es la de él mismo: parece olvidar que el crimen vinculado al narcotráfico se deriva de las políticas de prohibición de las drogas que propician rutas y mercados negros que son disputados intensamente ante la debilidad de las instituciones del Estado, y la impunidad que esta propicia.

En este sentido, la regulación del mercado de la mariguana si podría tener impactos positivos, pero no solo contra el crimen organizado, al cual se le restaría un tercio de sus ingresos por drogas (cuando menos en la Ciudad de México), sino también en favor de la sociedad, ya que se contendría el contacto entre gran parte de los usuarios y los vendedores de drogas más peligrosas, como son el crack y la anfetaminas.

El Presidente se equivoca también cuando señala que la legalización es una posición fácil en el combate a la delincuencia organizada, en tanto que se trata de una alternativa que apuesta por centrarse en la educación y salud de los usuarios de drogas y en el combate al tráfico de las que tienen mayor potencial adictivo. Para el Presidente, al parecer, es mejor combatir frontalmente a un mercado heterógeneo y variado en drogas, combinado con una supuesta oferta de tratamiento para usuarios, que en su mayoría no lo requiere: como lo acepta la misma ONU sólo entre 10 y 20% de los usuarios de drogas llegan a ser dependientes de ellas.

En otras palabras, mientras se continúe simplemente reformulando las políticas de la prohibición, no tendremos sino los mismos resultados: violencia, violaciones de derechos humanos, corrupción y un Estado débil ante el crimen.

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¡Aguanta México! ¡Aguanta!

aguantaEn los próximos días tendremos la visita a México del Presidente de los Estados Unidos. Entre otras cosas, se espera que la agenda incluya temas de seguridad, especialmente los relacionados con la política de drogas.

En este sentido, el vecino país ya ha venido marcando algunos de los temas. Entre estos destacan el señalamiento realizado por el Washington Post respecto a la posibilidad de que el gobierno actual estuviese dando una tregua a los capos del tráfico de drogas, a diferencia del gobierno anterior.

Por otra parte, este mismo lunes, el gobierno vecino dio a conocer su Estrategia nacional en política de drogas para 2013, la cual enfatiza en la salud pública y reconoce implícitamente el fracaso de la política punitiva como forma de contener, a partir de la oferta, el mercado de las drogas ilícitas. Entre lo que destaca en la estrategia, además de la inclusión de los casos de trastornos por consumo de drogas en los seguros médicos, es la política de tribunales de drogas como vía para reducir la tasa de encarcelamiento de usuarios de estas sustancias.

Sin embargo, con independencia de otros temas, por parte de México sería productivo que se discutiese la necesidad de un cambio en la política de drogas como consecuencia de la regulación del comercio y consumo recreativo del cannabis en Colorado y Washington; así como del consumo terapéutico en otros 16 estados de aquella nación. Esto, además de la necesidad de parar el tráfico de armas desde Estados Unidos hacia México.

Esperemos que la reunión de los presidentes sirva para dar un enfoque inteligente a la actual política de drogas, una que incluya adecuación a las necesidades de las regiones del país y no sea sólo un espaldarazo para seguir haciendo más de lo mismo, pero con el aliciente de que nos digan “¡Aguanta, México! ¡Aguanta!”

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¿Un año para disminuir la violencia?

RelojHace unos días el presidente de la República se pronunció por esperar un año para que su gobierno logre disminuir la violencia. Sin embargo, son varios los retos que el gobierno debe superar todavía para lograr lo que se propone.

Un primer paso que el gobierno debe dar, sin duda, es conformar una nueva política de combate a la delincuencia organizada, entre la cual se encuentran los grupos dedicados al tráfico internacional y/o local de drogas ilícitas. Pero hasta el día de hoy, lo único que nos han hecho saber es la división del territorio nacional en 5 regiones. El gobierno no ha presentado un plan que contenga objetivos concretos y medibles a corto, mediano y largo plazo.

Un segundo paso es lograr la coordinación de las fuerzas policíacas de los distintos niveles. Este paso puede ser el menos difícil de lograr, especialmente porque el partido del presidente gobierna la mayor parte de las entidades federativas del país. Aquí la principal dificultad radica en que las dependencias continúan sin saber cuáles son sus prioridades; un ejemplo de esto es llamar ‘cárteles’ a cada uno de los grupos que se autodenominan así, sin marcar las diferencias existentes entre grupos de traficantes transfronterizo, traficantes locales y grupos delictivos que trafican como una más de sus actividades ilícitas.

Un tercer paso es recuperar la confianza de la ciudadanía. Este paso es quizás el más complicado, empezando porque el cambio de gobierno per se no ha sido positivo en términos de la disminución de la violencia ni en el aumento de la seguridad. Y aunque se difunde la percepción de que se ha pulverizado a los ‘cárteles’, tal como señala el procurador federal, esta supuesto logro no se ha reflejado en la disminución del poder de fuego de los grupos delictivos, tal como tampoco lo hizo la captura y/o abatimiento de decenas de cabecillas criminales –política de la cual este quiere diferenciarse.

Como vemos, las dificultades del gobierno actual  para lograr la disminución de la violencia todavía son importantes. Por otra parte, algunos de los elementos del gabinete ya empiezan a señalar que quizás un año no sea suficiente, que tal vez 18 meses… La ciudadanía continúa esperando.

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La vergüenza de México

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Uno de los últimos actos políticos de alcance internacional de la pasada administración llamó la atención por el viraje sustancial que implicó con respecto a todo el sexenio: junto a otros dos Estados -Guatemala y Colombia- México propuso una sesión especial de la Asamblea General de la ONU sobre drogas, debido a los pocos resultados positivos arrojados en las últimas décadas por el sistema actual de control para ellas. “La Organización de las Naciones Unidas debe ejercer el liderazgo que le corresponde en este esfuerzo y conducir una profunda reflexión que analice todas las opciones disponibles, incluyendo medidas regulatorias o de mercado, a fin de establecer un nuevo paradigma que impida el flujo de recursos hacia las organizaciones del crimen organizado”, decía la petición que fue aceptada para 2016.

La propuesta, que parece muy pertinente para un país como México y para una región Latinoamericana profundamente afectada por la llamada “guerra contra las drogas”, fue considerada con buenos ojos por la mayoría de los países de la comunidad internacional, aunque no por los Estados Unidos y algunos aliados que, sin embargo, no pudieron hacer nada para evitarla.

Hasta aquí todo bien. Pero apenas el viernes 11 recibimos una nueva sorpresa de parte del gobierno mexicano: discretamente y sin hacer publicidad alguna, México se unió en Nueva York, mediante documento oficial, a otros 14 países del mundo (EEUU, Alemania, Reino Unido, Rusia y Suecia, entre otros) para rechazar la petición de reingreso de Bolivia a la Convención sobre Estupefacientes de 1961, país que hace un año solicitó una modesta enmienda: diferenciar entre la hoja de coca y la cocaína, para así garantizar el derecho del pueblo boliviano a mascar la planta, una práctica milenaria en toda la región de los Andes. Afortunadamente, los objetores no lograron el número necesario para bloquear a ese país.

México fue el único país de América Latina en rechazar la propuesta boliviana; pero para mayor vergüenza -o tal vez lo más inquietante para nuestra política exterior en materia de drogas- son los motivos oficialmente expuestos: se reitera el reconocimiento de “los derechos humanos de los pueblos indígenas y sus usos y costumbres”, pero se advierte también que “La Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes es un instrumento de alcance universal entre cuyos objetivos se encuentra la preservación de la salud humana. México está convencido que sólo manteniendo su integridad se alcanzarán sus propósitos”.

¿Por fin? ¿Creemos que es imprescindible un cambio para adecuar el régimen internacional a las nuevas circunstancias y mejorarlo; o bien consideramos que cualquier cambio pone en riesgo todo el sistema de control?

Al parecer, nuestro actual gobierno tendrá que cantinflear intensa y largamente para explicar a la comunidad internacional, y también a la sociedad mexicana, cómo es que se puede estar a favor del sí y del no al mismo tiempo. Por lo pronto, en política de drogas, los mexicanos ya tenemos un motivo para desconfiar de nuestro propio gobierno.