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Tag Archives: Mariguana Marihuana DF “Ciudad de México” Regulación Debate México

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¿Quién gana con la regulación de la mariguana en la Ciudad de México?

134744_Legalizacion_Marihuana.mexicoEl debate de la regulación de drogas se prendió en la Ciudad de México.

No se trata de cortinas de humo, ni de que el consumo de esta planta represente graves daños a la salud pública o privada, especialmente cuando este uso se decide autónomamente. No. La preocupación pública sobre ella estriba en la falta de regulación de su mercado –el principal de entre las drogas ilícitas en cuanto al volumen de la demanda-.

Más allá de los debates sobre los beneficios o daños que la mariguana produce al individuo que la usa, la pregunta políticamente relevante es ¿qué gana la ciudadanía con la regulación? ¿Qué ganan las comunidades? ¿qué gana la ciudad de México?

En este contexto, es necesario señalar entre los daños derivados de la falta de regulación las miles de detenciones de usuarios durante los años recientes. Tan solo entre enero de 2009 y mayo de 2012 se registraron 28,463 detenciones, lo que corresponde a una cuarta parte de la prevalencia anual; esto es, en tres años y medio, se detuvo a 1 de cada 4 usuarios de drogas de la Ciudad de México.

Si consideramos que las detenciones por policías son momentos significativos en la vida de cualquier ciudadano, especialmente si se realiza con vulneración de sus derechos –sea mediante discriminación, extorsión o criminalización-, estas detenciones impactan en la confianza en las instituciones y en el compromiso de ser ciudadanos, además que suelen determinar una identidad adversa a las instituciones estatales entre los usuarios detenidos ¿Cómo pueden los ciudadanos confiar en un estado que ha vulnerado sus derechos?

En otras palabras, al socavar los derechos de los usuarios, las autoridades van minando la gobernabilidad a largo plazo de esta ciudad.

Esto no sólo se refleja en la desconfianza que los usuarios detenidos, -además de los que por cubrir la cuota de extorsión no llegaron ante el Ministerio Público-, sino también en la vida de quienes ya en la madurez productiva mantienen su desconfianza hacia las instituciones, y son renuentes a pagar los impuestos que cubren los salarios de los servidores públicos.

Por otro lado, en términos de inseguridad, las miles de detenciones anuales de usuarios de marihuana y otras drogas, han significado un desperdicio de miles de horas de vigilancia en favor de la ciudadanía con el fin de evitar un delito donde no hay víctima, amén de los millones erogados en premios a la propia policía por detener a portadores de drogas. Por ello, la regulación beneficiará a la seguridad ciudadana al liberar a los policías de una carga de miles de horas de trabajo que ha resultado inútil, y que ahora podrán ser utilizadas en vigilar y contener los delitos que más impactan a la sociedad.

Un ejemplo de este mejor uso de las horas-vigilancia de la policía se puede notar en una cierta mejora respecto a la seguridad en términos de delitos de alto impacto, ya que según datos del más reciente informe 8 Delitos primero, índice delictivo CIDAC, entre 2010 y 2012 el DF tuvo ciertas mejoras y pasó del lugar 21 al 18 en este índice, el cual es relativo a delitos de alto impacto y del fuero común. Y aunque parece poco el avance, es de notar que esto es resultado de tan solo un acuerdo al interior de la policía –la suspensión de los premios por remisiones por delitos contra la salud, la cual llevaba a que a los policías les beneficiase remitir a personas por posesión de drogas, criminalizando así a miles de usuarios que después eran liberados por el M.P.

Por ello, con la regulación de la mariguana podremos beneficiarnos más en materia de seguridad, derechos humanos y gobernabilidad presente y futura. Esperamos que de nueva cuenta, la Ciudad de México se ponga a la vanguardia del país y de Latinoamérica.

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Marihuana en la Ciudad de México: la negación nunca es la solución

NegaciónEl pasado martes 9 de julio se llevó a cabo, en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, el foro “El por qué NO a la legalización de la Marihuana en el Distrito Federal”.

Organizado de manera unilateral por el diputado Eduardo Santillán Pérez del Partido de la Revolución Democrática (PRD), el evento contó como ponentes con la representación de la Comisión Nacional contra las Adicciones (CONADIC), la Secretaría de Salud del Distrito Federal, el Instituto para la Atención y Prevención de las Adicciones (IAPA), los Centros de Integración Juvenil, del diputado Manuel Granados Covarrubias, también del PRD, y del investigador del Instituto de Ciencias Penales (Inacipe), Israel Alvarado Martínez. Ninguna organización de la sociedad civil que tiene otra visión sobre el problema fue invitada.

A pesar de ello, -y de que durante el foro se hizo énfasis en la imposibilidad de la propia Asamblea para legislar sobre el asunto, algo discutible; es de celebrarse que este debate tenga uno o muchos espacios en la Asamblea. Pero tal y como el nombre mismo del foro lo anunciaba, en mucho se trató de intentar justificar una negativa de ciertos sectores políticos para cambiar cualquier cosa en materia de control de ésta y otras drogas.

Si partimos en lo que podamos estar de acuerdo, es necesario mencionar que todos compartimos ciertos principios básicos: abandonar la criminalización de los usuarios de marihuana; que es necesario dar más importancia y recursos económicos a las políticas de prevención y tratamiento, así como hacer énfasis en contar con evidencia científica sólida para el diseño de nuevas políticas. También, por supuesto, estamos de acuerdo en la imperiosa necesidad de evitar que que los menores tengan acceso a la marihuana o cualquier otro tipo de sustancia que genere riesgos a su salud.

Hasta ahí, sin embargo, quedan las coincidencias.

En el foro se dijo, además, que la marihuana ocasiona dependencia física y psicológica, lo que atenta contra la libre voluntad de los consumidores; que no existe una sola evidencia en el mundo que demuestre que la legalización de las drogas disminuya la violencia y la inseguridad relacionadas al narcotráfico; que se generarían más gastos en salud; que la Organización Mundial de la Salud (OMS) no reconoce los usos médicos para la marihuana, y que a mayor disponibilidad, mayor probabilidad de consumo.

Sin embargo, ante estas ideas es necesario recordar que

  1. Aun cuando todos los ordenamientos legales con respecto a las drogas se encuentran en el ámbito de las legislaciones federales; la llamada Ley contra el narcomenudeo justamente dota de responsabilidades y competencias a las entidades federativas, por lo que la Asamblea puede decir muchas cosas al respecto, así como establecer las prioridades de política pública que tiene la Ciudad en este tema. De otro modo, legislaciones como la de la interrupción legal del embarazo o las sociedades de convivencia jamás hubieran podido ocurrir en el Distrito Federal.
  2. La marihuana no causa dependencia física. Afirmarlo sin sustento es simplemente mentir; mientras que definir todo uso como abuso simplemente no corresponde con la realidad. Como sucede con otras sustancias, los usuarios problemáticos de marihuana son una minoría entre todos los usuarios.
  3. Contrariamente a lo afirmado en el foro, el uso de marihuana nunca ha constituido un desastre social o de salud, como lo demuestra, por ejemplo nuestra Encuesta de Usuarios de Drogas Ilegales en la Ciudad de México, en la que la mayoría de los usuarios entrevistados (de los cuales la mayoría usa marihuana) señalaron que tienen buenas relaciones familiares y sólo el 4,3% afirmó que ha perdido oportunidades de desarrollo (sea laborales, escolares o evasión de responsabilidades).
  4. En cuanto a que no existe evidencia de que regular a las drogas beneficia en algo a la sociedad, los expositores simplemente no quisieron voltear a sociedades como la holandesa o la portuguesa, que han demostrado que permitir un acceso controlado a sustancias poco riesgosas en comparación a otras, ayuda a separar los mercados y a detener el uso experimental en la marihuana, de modo tal que los usuarios se ven en mucho menos contacto con otras drogas más peligrosas. Obvian decir, también, que en estas y otras sociedades, el crimen organizado tiene menos fuentes de financiamiento y poder.
  5. En cuanto a que regular marihuana, significaría un incremento en los gastos de salud, la realidad también parece contradecir esta idea. Es necesario recordar que la inmensa mayoría de demanda de tratamiento por adicciones en el país está relacionada con el consumo de alcohol y de estimulantes como la cocaína u otros de tipo anfetamínico. La marihuana, en este sentido, nunca ha significado un peso de importancia para nuestro sistema de salud, ni existen evidencias de que regulando el acceso a la misma haya más disponibilidad: al contrario. Con reglas claras y exigibles, el acceso a la planta será mucho menor para aquellos que no deban estar en contacto con ella, muy especialmente, por supuesto, los menores de edad.
  6. El debate sobre marihuana en la OMS tiene una larga historia, que justamente ahora está volviendo a tomar auge. Contrario a lo que los foristas expusieron, lo cierto es que actualmente la OMS está por emitir un nuevo informe sobre el tema. Adicionalmente, es necesario recordar que los Estados parte de los Convenios Internacionales en materia de drogas tiene  la facultad para clasificar como medicinas a las sustancias bajo control. Gracias a ello, por ejemplo, República Checa, España, Holanda, Italia y muchos estados de los Estados Unidos han reconocido estas propiedades, y en consecuencia, las han regulado.

Por último, es necesario también señalar lo que no se dijo en este foro: que los usuarios tienen autonomía y derechos que es necesario respetar y hacer compatibles con los no usuarios; que el verdadero reto que como sociedad y autoridades tenemos frente al uso de drogas, sean legales o ilegales, está en la instrumentación de políticas de prevención de riesgos y daños, que es donde se encuentra el mayor número de usuarios; que los usuarios de marihuana son constantemente estigmatizados y marginados de las instituciones que los pueden ayudar; y que, finalmente, la reforma de la marihuana está sucediendo en todas partes del mundo con independencia de las convicciones personales de cada uno de nosotros. Por ello, no se trata de negarla, sino de aprovecharla e instrumentarla de la mejor forma posible para nuestra sociedad.

En conclusión, desde CUPIHD alentamos la apertura del debate, pero siempre basado en datos objetivos, evidencia científica, y apuntando a respetar los derechos humanos de todos. Las buenas conciencias podrán tener buenas intenciones, pero usar medias verdades para justificar convicciones morales, simplemente no ayuda a sostener un debate de altura, propositivo e incluyente.

 

 

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Ciudad de México: el debate gana altura

puestosEsta semana, a través de algunos representantes legislativos locales y del propio Jefe de Gobierno, la Ciudad de México comenzó a asumir públicamente un debate inaplazable y urgente: el de la regulación de la mariguana en el Distrito Federal.

Más allá de la estridencia de los medios de comunicación, que insisten en querer asumir el asunto de manera sensacionalista, lo cierto es que nuestra ciudad merece un debate serio sobre un tema que, querámoslo o no, forma parte ineludible de un proceso que ya está en marcha en muchas partes del mundo y en nuestra propia sociedad: la búsqueda e instrumentación de alternativas para enfrentar el fenómeno de las drogas desde un ángulo multidisciplinario, y no sólo desde la mera represión, los buenos deseos o la negación de una realidad.

Un enfoque integral significa considerar, por ejemplo, que los usuarios de drogas tienen derechos humanos como cualquier otra persona; que no por el hecho de usar sustancias son delincuentes y que los adultos de plenos derechos deben conocer, también, sus obligaciones para con ellos mismos y para con la comunidad en la que viven. Defender sus derechos es defender los derechos de todos. Y para ello son necesarias reglas y disposiciones que asuman esta realidad.

En la Ciudad de México, por ejemplo, sabemos gracias al estudio específico de CuPIHD Mariguana DF, que de cada 100 usuarios de drogas ilegales, 92 consumen mariguana, si bien no todos usan sólo esa droga. Asimismo, nuestra Encuesta de Usuarios de Drogas Ilegales de la Ciudad de México, señala que casi 70% de estas personas ha sido detenida por la policía, y ese mismo porcentaje ha sido extorsionado por ella, aun cuando el uso en sí mismo no está penalizado en el país, ni en la Ciudad.

Otra consideración que vale la pena hacer notar, en este sentido, es que si el uso no está penalizado, dado que el derecho y las leyes tienen límites reconocidos frente a la autonomía personal; los usuarios de drogas ilegales, si quieren ejercer esa autonomía están obligados a delinquir, ya sea porque produzcan sus propias plantas, ya porque compren en el mercado negro, transporten, posean o realicen cualquier otro acto consustancial al consumo.

La ambigüedad jurídica del usuario, en este sentido, lo coloca en una posición de vulnerabilidad que no sólo lo afecta a él y a sus derechos humanos, sino también a la sociedad en su conjunto, ya que las autoridades encargadas de perseguir estos delitos distraen su atención y recursos en perseguir, estigmatizar y criminalizar a los usuarios antes que a perseguir otros crímenes de orden predatorio, violento o contra la propiedad de terceros.  No existe estudio alguno, por ejemplo, que vincule de forma causal el consumo de mariguana con la comisión de otros delitos.

Por ello, explorar alternativas para la regulación del consumo de mariguana, no sólo en la Ciudad de México sino en todo el país, es un asunto de urgencia con implicaciones para la salud y la seguridad públicas. Ya no es posible, ni deseable para nadie, seguir intentando tapar el sol con un dedo: el consumo está ahí, en manos de la delincuencia organizada, quien es la que determina quién puede acceder a ese consumo. Para ellos, su mercado somos todos, incluidos menores de edad, algo inadmisible en cualquier política pública. Justamente poner límites y reglas claras al consumo, así como garantizar los derechos de todos, es una obligación de todos nuestros gobiernos.

¡Qué bueno, en este sentido que la Ciudad de México ponga un ejemplo necesario para todo el país! No hay que temer al debate. Cuando éste busca el bienestar común, debe ser bienvenido. Es hora de afrontar con franqueza el reto que implica la regulación, así como tiempo de comenzar a decidir por nosotros mismos qué nos conviene más para garantizar la pluralidad, el respeto entre todos con independencia de nuestras elecciones, y sobre todo, para reducir los riesgos y los daños que implican el consumo de ciertas drogas. No sólo sus usuarios se verán beneficiados. También lo serán todos aquellos que deciden no usarlas. Es tiempo, pues, de la inclusión, de la plena vigencia de nuestros derechos elementales y de la aceptación de que lo peor que nos puede pasar es voltear hacia otro lado, y hacer como si nada pasara.