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Mariguana DF y Clubes Sociales de Cannabis: Cuaderno 5 de CuPIHD

Marihuana DF presenta un acercamiento al mercado de la cannabis en la Ciudad de México, a las distintas maneras en que los usuarios se suman como consumidores, y a cómo se relacionan con su entorno y con otras sustancias ilegales. Este Cuaderno ofrece además una respuesta viable a distintos problemas planteados por la dimensión del mercado: Los Clubes Sociales de Cannabis: una propuesta contra la informalidad.

Las actuales políticas, sin haber alcanzado su objetivo de reducir el consumo, tampoco han conseguido acercar a los usuarios de sustancias ilegales a las instituciones a las que tienen derecho a recurrir en busca de apoyo.

Este ensayo pone en entredicho a las políticas tradicionales y la efectividad de la Ley contra el Narcomenudeo, cuya aplicación termina por criminalizar a los usuarios cuando su espíritu, en teoría, es diferenciarlos del mundo delictivo.

Mariguana DF presenta un ángulo de análisis poco frecuente en los textos tradicionales sobre el tema, dado que incluye la opinión del usuario de la droga ilegal más consumida en la Ciudad; una voz que había sido sistemáticamente excluida de toda investigación sobre el tema.

Índice:

página 3: Presentación

página 5: El mercado de la mariguana en la Ciudad de México

página 22: Los Clubes Sociales de Cannabis: una propuesta contra la informalidad

Autores: Carlos Zamudio Angles y Jorge Hernández Tinajero
Noviembre de 2012

Cuaderno 5 CuPIHD (en PDF, completo)

Extracto:

Los Clubes Sociales de Cannabis: una propuesta contra la informalidad

Como ha sido posible constatar, el mercado de cannabis de la Ciudad de México se puede caracterizar como uno fundamentalmente estable, en el que el consumo de mariguana es el denominador común a la mayoría de los usuarios adultos de drogas ilegales de la ciudad.

Si, como lo muestra el anterior análisis, consideramos que los usuarios de mariguana conforman nueve de diez partes del mercado negro de drogas ilícitas, la regulación del mercado de cannabis se presenta como una oportunidad para establecer relaciones formales, institucionales, con ellos. Fuera de la órbita delictiva y a través de un enfoque de derechos humanos, se podría garantizar un acceso seguro a la mariguana y evitar al máximo la vinculación con los dealers, para que de esta forma se inhiban las relaciones entre usuarios y actores de la delincuencia organizada.

Visto como un mercado, el de la cannabis en la Ciudad de México goza de sistemas de distribución muy eficaces, que hacen prácticamente imposible la eliminación de la oferta por la vía policiaca. Esto hace que su disponibilidad sea muy alta y la variedad de la oferta muy amplia y al alcance de cualquier bolsillo.

A pesar de su extensión y comercio continuo, la ilegalidad de este mercado genera constantes conflictos de sus usuarios con la ley, dada la ambigüedad jurídica de estos últimos, y el bajo umbral establecido en ella para la posesión no criminal, lo que a su vez contribuye a su marginación y a la desconfianza del usuario hacia las instituciones del Estado que pueden ayudarlo en caso de necesidad. La falta de acceso seguro y legal a la planta, así, obliga a quienes deciden usarla a recurrir a circuitos delictivos, en los que también se encuentra disponibilidad para drogas más peligrosas.

Dadas las características anteriormente descritas, este documento propone considerar a los Clubes Sociales de Cannabis (CSC) como modelo de un nuevo sistema regulatorio para esta planta en la Ciudad de México, que contribuya a proporcionar un acceso seguro a ella para los adultos de plenos derechos, que decidan usarla por razones lúdicas o médicas.

La propuesta busca delimitar y limitar al mercado negro, aumentando incentivos para que los usuarios no tengan que recurrir al mismo; así como generar actividad económica e ingreso público evitando el mercado abierto e indiscriminado de la planta y, al mismo tiempo, busca abrir un espacio de vinculación institucional con el usuario fuera del ámbito de la justicia penal.

Consideraciones

Los Clubes Sociales de Cannabis son una propuesta regulatoria para la producción y el uso de la planta en México que, si bien requiere de algunos cambios legislativos, puede ajustarse a las disposiciones del sistema internacional de control de drogas comprendido en los tratados y otros instrumentos internacionales firmados por el país.

Los Clubes suponen un mecanismo vinculatorio entre el derecho a la autonomía de los adultos en cuanto al uso de cannabis, que se encuentra contemplado en nuestras leyes, y la posibilidad de producirlo de manera comunitaria y privada para fines recreativos o con propósitos médicos. La propuesta soluciona, de esta manera, las contradicciones que supone contar con derecho al uso, pero la imposibilidad de ejercer tal derecho sin recurrir en algún momento a alguna actividad considerada como delictiva, como es por ejemplo la adquisición.

El esquema se basa en la construcción de un circuito cerrado de producción-consumo, fiscalizado estrictamente por el Estado, y que se circunscribe al ámbito de lo privado, con lo que la publicidad, el uso público y la admisión quedan reservadas estrictamente a los miembros de la asociación, quienes por definición deben cumplir con requisitos específicos para ser admitidos al circuito. Entre ellos se cuentan la mayoría de edad, el ser invitado por otro socio, conocer los riesgos del uso del cannabis y el compromiso de evitar todo contacto con otras fuentes de abastecimiento.

Ventajas

El sistema de los CSC ofrece ventajas reales e inmediatas para el usuario, ya que le garantiza seguridad jurídica en ejercicio de sus derechos, lo aleja de las redes del comercio ilegal y del mundo del delito, al eliminar la necesidad de acudir a los traficantes ilegales; le garantiza estándares de calidad que no obtiene en el mercado negro y puede acercarse, a través de la propia asociación, a servicios informativos de reducción de riesgos y daños para el cuidado de su salud.

Beneficia también al cultivador y/o productor de la planta, que encuentra en este espacio una actividad más de sustento como actividad agraria y económica. De este modo, el productor tiene contacto directo con el usuario y se elimina entre ellos al intermediario, quien cumple en la actualidad con el papel ilegal del proceso.

Por último, los CSC benefician a las autoridades y todos los miembros de la sociedad que no son usuarios, ya que generan actividad económica fiscalizable, disminuyen la contribución de los usuarios a los mercados y redes ilegales, reducen la disponibilidad de la cannabis exclusivamente a los socios y a su uso en los ámbitos privados. Además, los CSC hacen posible generar mejores mejores vínculos institucionales con sus miembros, de modo tal que sea posible ampliar el espectro de oferta de servicios de salud e informativos para ellos. De este modo, proponemos diseñar y llevar a la práctica un modelo legal de circuito cerrado para la regulación del uso de cannabis en la Ciudad de México, que responda a las necesidades específicas de organización del mercado de la mariguana en México a través de clubes sociales del cannabis.

Un sistema de organización del mercado de cannabis en la ciudad, a través de los CSC, presentaría importantes ventajas en materia de salud, ya que a través de ellos sería posible conocer de mejor manera el número y características de los usuarios de la ciudad, tener control sanitario sobre el producto, ayudar a la investigación científica y garantizar al mismo tiempo los derechos de los usuarios; dar acceso seguro y legal a pacientes que usan cannabis medicinal y desarrollar entre los asociados mejores programas de reducción de riesgos y daños.

Adicionalmente, los CSC ayudan a separar el mercado de la cannabis del de otras drogas de mayor potencial conflictivo o peligrosidad, social y personal, como el crack o la cocaína, y a reducir los riesgos de violencia social y de salud de las comunidades.

Económicamente, los CSC reducen los incentivos para recurrir al mercado negro creando una relación directa entre el usuario y el productor, ya que eliminan la intermediación que realiza por definición el mercado, legal o ilegal. Al eliminar todo comercio abierto de la planta en el mercado, los clubes pueden ajustarse al sistema internacional de control de drogas.

En el mismo sentido, y dado que los CSC carecen de propósito de lucro, no hay posibilidades de publicidad abierta para ellos; generan actividad económica e impuestos, pero no participan en ningún mercado abierto; conforma un circuito cerrado fiscalizado directamente por el Estado, crean alternativas para productores privados e independientes, y toda su operación, desde la producción hasta el consumo son transparentes y fácilmente fiscalizables.

Asimismo, en la medida que los clubes producen la totalidad de la planta y no sólo la flor utilizada como mariguana, los CSC permitirían aprovechar, también, los productos industriales del cáñamo derivados de las fibras, las semillas y todas las partes de la planta que son aprovechables por una actividad industrial prevista en los tratados internacionales de drogas y de libre comercio firmados por México, como son el TLCAN, TLCUE, Chile, etc.

Por último, en términos de seguridad y combate al crimen vinculado a las actividades ilegales del tráfico de drogas, los CSC contribuyen a desplazar al crimen organizado por una vía no violenta, al crear nuevos incentivos para el usuario, la comunidad y la autoridad. El consumo puede ser realizado en el club como parte de una actividad privada, y en caso de no ser en ese lugar, el asociado se compromete a utilizarla exclusivamente en espacios privados y nunca en la vía pública, lo que ayudaría a no distraer recursos policíacos en la persecución de este tipo de faltas cívicas.

Estructura

Los CSC son asociaciones civiles sin fines de lucro, a las que sólo se puede acceder siendo mayor de edad e invitado por otro socio y mediante declaración de voluntad personal para aceptar las condiciones de la membresía.

El socio declara que ha decidido consumir de forma libre y por propia iniciativa, formula una solicitud de participación de cultivo comunitario, abona cuotas que sufragan una parte de la cosecha comunitaria, se da por informado de los riesgos de su decisión y renuncia a participar de cualquier otro CSC.

El socio asume un compromiso para limitarse al uso personal y para no derivar ninguna parte de la cosecha hacia el mercado negro o tercero alguno.

Por su lado, el CSC hace una previsión anual de consumo, con un cuota máxima de 60 gramos al mes (si bien puede haber casos especiales de uso terapéutico) con la que cada socio tiene derecho a recoger, de forma controlada su parte respectiva de la cosecha, para uso exclusivo en espacios privados.

El club supervisa y coordina el cultivo de todas las plantas y su procesamiento, se registra toda la información necesaria para las autoridades, y puede crear a su vez relaciones con productores privados, que generan de nueva cuenta transacciones fiscalizables, e impuestos sobre ellas.

Retos, riesgos y oportunidades

La experiencia internacional en cuanto a la operación de este tipo de asociaciones es relativamente reciente, pero de gran expansión en muchas partes del mundo. En España por ejemplo, país que comenzó con su instrumentación, existen más de 200 asociaciones de esta naturaleza, mientras que los movimientos por el autocultivo en Latinoamérica, y especialmente Brasil, Argentina, Uruguay y Chile, así como las autoridades de estos países, ven en los clubes una excelente oportunidad para crear un nuevo ambiente en el uso de la mariguana, en el que se garantizan los derechos de los usuarios, se tiene control e información sobre ellos y se evitan los circuitos delictivos asociados al comercio ilegal de la planta.

Crear CSC en la Ciudad de México, al igual que en otros estados del país, requiere esencialmente de modificar las disposiciones federales que impiden el cultivo de la planta de la cannabis bajo cualquier modalidad, para legalizar la figura del cultivo personal y comunitario sin fines de lucro y para exclusivo uso privado. De no ser posible esto, podría declararse otorgar prioridad cero, para efectos de persecución del delito, al cultivo con tales fines. Es importante señalar, en este sentido, que las convenciones internacionales que regulan a la planta de la cannabis se limitan a considerar su fiscalización sólo en cuanto a la sumidera florida de la planta hembra, y no impiden el aprovechamiento o el cultivo y uso de otras partes de la misma.

En todo caso, al eliminarse las disposiciones que hacen indistintamente ilegal al cultivo se abre la posibilidad de instrumentar regulaciones locales específicas para la instrumentación de cada club. En este sentido, las posibilidades regulatorias pueden considerar a las autoridades federales, pero también disposiciones y adecuaciones de orden estatal o incluso municipal.

Por supuesto, se vuelve necesario también, instrumentar mecanismos que impidan que los clubes se conviertan en una fachada del comercio ilegal de la planta. Sin embargo, limitando el número de socios a uno que permita el equilibrio y la autosuficiencia, así como garantizando la transparencia operativa de los mismos, tales riesgos pueden reducirse significativamente.

Por último, es preciso considerar que los CSC pueden ser una herramienta de gran ayuda para el control de otras sustancias más peligrosas cuyo uso en aumento se presenta ya en la sociedad mexicana. Los clubes garantizan, regulan y limitan el acceso a la cannabis a los adultos de plenos derechos y limitan de forma clara el acceso de los menores a la sustancia. Contribuyen así, también a las tareas y preocupaciones comunes a toda la sociedad.

 

Cuaderno 5 CuPIHD (en PDF)

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Cannabis a nivel federal: el camino correcto

Legal Marijuana
Aun cuando ha recibido menos publicidad mediática que la presentada en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, la iniciativa para reclasificar la planta de la cannabis presentada por el Senador Mario Delgado en la Cámara alta, contiene tres elementos clave que la hacen digna de consideración.
El primero de ellos es la reclasificación de la cannabis dentro de la Ley General de Salud, de modo tal que pueda ser considerada como una sustancia con valor terapéutico para la salud pública; algo imposible hoy en día y una disposición necesaria e indispensable si es que realmente quiere avanzarse en su regulación terapéutica. Contrario a las voces que claman que la mariguana carece de potencial benéfico para la salud, la evidencia científica cada día apunta más hacia la exploración de sus posibilidades, como lo demuestra la existencia de medicamentos certificados hechos con ella. Pensar que una planta, por su mera condición jurídica, no puede ser considerada como un potencial agente terapéutico simplemente atenta contra el sentido común y los principios de la ciencia médica. La iniciativa también propone, en este sentido, descriminalizar la prescripción de la cannabis en la práctica médica.
La segunda clave se encuentra en la modificación –a la alza– de las cantidades de posesión no sujeta a la acción penal contenidas en la Ley General de Salud. Las cantidades propuestas son más realistas frente a las dinámicas del mercado, toda vez que las cantidades actuales –5 gramos para el caso de la mariguana– no sólo no diferencian al usuario del menudista, sino que en la práctica colocan al usuario en una posición de vulnerabilidad más grande frente al ejercicio de la acción policiaca. Cualquier política efectiva hacia las drogas, ya sea de salud o de seguridad, tiene por fuerza que ser capaz de distinguir y de tratar de manera diferenciada, al uso de drogas de su comercio.
La tercera clave de esta iniciativa se encuentra en su intención de regular el cultivo de la cannabis, dándole competencias específicas a las entidades federativas, ya que sin una producción fiscalizada por la autoridad difícilmente se podría hablar de una regulación integral hacia ella. De este modo, se propone hacer consideraciones especiales a quien cultive por necesidad económica, otorgar a las entidades el control sanitario de la producción y reconsiderar el cultivo con fines privados y no comerciales, lo que se ajusta al sistema internacional de control de la planta.
Desde luego, la iniciativa no agota todas las complicaciones que una reconversión de la política de drogas en México implica. Sin embargo, la iniciativa atina decididamente a señalar en dónde se encuentran algunos de sus más importantes nudos gordianos. Desenredar éstos, y algunos otros, será la tarea que los próximos años depara a nuestra sociedad una política de drogas más humana, más eficaz, más segura y más saludable para todos: usuarios y no usuarios.
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Foro Internacional sobre Drogas y Derechos Humanos

Drogas y DDHHComienza una semana clave para el reconocimiento de los derechos de los usuarios de drogas ilegales, para debate de la regulación de las drogas y en especial para el de la regulación de la marihuana en la Ciudad de México.

En el marco de nuestro convenio con la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), organizamos conjuntamente el Foro Internacional sobre Drogas y Derechos Humanos, que contará con mesas de debate sobre experiencias comparadas internacionales, salud, educación, seguridad, justicia y cultura, además de una conferencia magistral de Damon Barret, de Harm Reduction International especialista en ambos sistemas jurídicos internacionales.

El foro busca contestar preguntas largamente aplazadas no sólo por la sociedad, sino incluso por la propia comunidad de defensores de los derechos humanos. Entre ellas.

¿Son las drogas un motivo legítimo para violar los derechos humanos? ¿Tienen derechos humanos los usuarios de drogas? ¿Cómo podemos limitar de mejor manera el acceso de los menores de edad a las drogas?¿Qué papel juega la educación y las comunidades educativas frente a la presencia de las drogas entre la población estudiantil? ¿Existe discriminación laboral por uso de drogas en México? ¿Cuáles son los servicios de salud que se requieren para atender el problema del consumo de drogas en el país? ¿Son los usuarios de drogas una población vulnerable en cuanto a sus derechos humanos? ¿Qué papel juegan el estigma y la discriminación en cuanto al uso de drogas? ¿Cuál es la economía de las drogas? ¿Cuál es el papel y el impacto de las drogas entre las personas privadas de su libertad? ¿Necesita México de los tribunales especiales de drogas? ¿Contravienen los derechos de las personas los tratamientos condicionados? Y por último: ¿Qué es más importante respetar y hacer cumplir: las disposiciones internacionales de los derechos humanos o los del sistema internacional de control de drogas?

CuPIHD y la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal invitan a todos los interesados en averiguar éstas, y otras respuestas, en el Foro Internacional sobre Drogas y Derechos Humanos, del 7 al 9 de agosto de 2013, en la CDHDF.

Más información e inscripciones en http://drogasdh.cdhdf.org.mx

¡Allí nos vemos!

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Cannabis, marihuana, mota, ganja, macohna…

hoja-de-marihuanaCada día que pasa, estas palabras se escuchan y leen con mayor frecuencia por todos lados. Ya sea en medios de comunicación masiva, ya en medios políticos y empresariales -no se diga entre sus usuarios- el debate se ha encendido, y generado una curiosidad evidente en el resto de la sociedad para saber por lo que está pasando en el mundo y en nuestro país, con la planta mejor conocida como mariguana.

Por largo tiempo clasificada como uno de los enemigos públicos más prominentes de los Estados Unidos, 16 de sus estados la han regulado ya con fines medicinales, y dos más incluyendo sus fines recreativos, en lo que constituye una abierta rebelión a las disposiciones federales y a los tratados tan celosamente guardados -e impuestos- que constituyen el sistema internacional de control de drogas.

Uruguay parece que se encuentra, a su vez, a punto de dar un paso histórico, al ser el propio gobierno nacional el que ha propuesto regular el mercado de mariguana para frenar a la pasta base o bazuco y separar ambos mercados, así como para quitar poder económicos a las mafias que lucran con el comercio ilegal de la planta.

España, por su parte, vive una explosión de distintos tipos de cooperativas o clubes de cannabis, una fórmula que parece interesar y expandirse rápidamente entre los usuarios conocedores de la planta, ya que les permite una mayor sofisticación de los productos e importantes beneficios en materia de reducción de riesgos, además de que los aleja de los mercados ilegales.

Holanda, Portugal, España, Checoslovaquia, así como el resto de Europa, han dejado de criminalizar casi por completo el uso del cannabis, y en general en el resto del mundo sus usos tradicionales se mantienen tan vigentes como hace cientos de años.

Ha llegado pues, el momento de la regulación. Nosotros, por nuestra parte, tenemos la siguiente propuesta.

Descarga aquí el Cuaderno 5 de CuPIHD en PDF